
Mirando hoy por la ventana, y paseando un rato por el centro de Santiago llegue a una gran conclusión... hay decisiones que he tomado de muy mala manera...
La regla nos dice que no hay nada de lo que uno tenga que arrepentirse, pero en estos pocos años he acumulado una buena cantidad de cosas, que claramente me hacen ser quien soy, pero es innegable, que quizás sin ellas me sentiría una mejor persona...ponerles nombres quizás es un paso...
Para que hablar de las relaciones sentimentales...buuu... ahí he dado más que malos pasos, pero hoy en día el sentimiento de mala decisión ha sido el trabajo dentro de la Iglesia, institución que si bien me ha dado y entregado (a través de las personas que he conocido) las herramientas para ser quien soy hoy en día, también me ha proporcionado las más grandes desilusiones y no hablo solo de todos los problemas que hoy en día se suscitan y que aparecen a diario en todos los medios, sino a lo cotidiano, a esas reacciones que se ven cuando alguien necesita ayuda o a esos momentos en que la justicia laboral se hace necesaria...
Soy católica, pero trabajando remuneradamente en la Iglesia me siento cada día mas lejos de Dios, y estar trabajando acá si que ha sido una mala decisión

